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Cómo viajar en tren en Nueva York

Carta a una amiga

 

Blanca Irene Arbeláez

 

 

Querida amiga:

En muchas ciudades del mundo es un placer viajar en tren, más allá de la rutina, o la simple necesidad que para tantos representa esta clase de transporte masivo. Placer que, además, nos permite conocer, diría que verdaderamente, una ciudad, pues, aparte de su utilidad práctica, nos da la oportunidad de distraernos o simplemente “matar el tiempo” de manera muy interesante. Sin embargo, en ciudades como Nueva York, si no somos lo suficientemente cuidadosos al abordar el tren, puede ser que no lleguemos al lugar deseado, e incluso que perdamos más tiempo del que creíamos ganar.

Te cuento que el tramo más antiguo del metro de Nueva York empezó a funcionar en 1904.  La llamada Gran Manzana posee uno de los más grandes sistemas de trenes en todo el mundo, entre 420 y 475 estaciones, 24 líneas y más de 5 millones de usuarios diariamente. Algunas de las más grandes estaciones poseen un comercio muy activo, incluidos restaurantes, cafeterías, tiendas de ropa, electrónicos y, claro, puestos de policía y paramédicos las 24 horas. Si somos turistas, como lo serás tú muy pronto, o si somos simplemente habitantes de esta ciudad, tendremos siempre a alguien dispuesto a ayudarnos, pero a veces los afanes, la agitación de esta metrópoli casi a todas las horas, no da tiempo para respuestas y explicaciones comedidas. Así que, desde mi experiencia cotidiana luego de muchos años trajinando Nueva York, mi consejo es que, en primer lugar, al llegar, consigas un mapa de las rutas en cualesquiera de las estaciones, son gratis y fáciles de entender. Últimamente hay teléfonos de ayuda junto a luces azules muy visibles para identificarlos, también hay pantallas digitales en las estaciones más concurridas donde podemos buscar información rápidamente. Es necesario leer con atención porque hay trenes con servicio exprés o local. Debemos tener en cuenta los cambios de rutas y horarios debido a construcciones y mantenimiento permanentes en algunas estaciones. En los muros se ponen los avisos, especialmente los fines de semana, cuando se dan estas actividades, y hay que estar muy pendientes de esto para no confundirnos e incluso, extraviarnos.

Asegúrate de tener la tarifa exacta en monedas si es para subir al bus o la tarjeta, bien sea limitada o ilimitada, para el tren. Ya lo hice una vez, pero que no se te ocurra a ti colarte o pasar en sándwich con otra persona, la multa puede ser desde $100 dólares en adelante o cárcel si no tienes con qué pagar, además, quedas registrada en las cámaras, porque, aunque tú no las veas, hay cámaras por todos lados, y si, como suele pasar, se está indocumentado, se agrava la situación.

Es mejor evitarnos dolores de cabeza y comprar más bien la Metro Card ilimitada si pensamos hacer más de un viaje. En cada estación de tren hay cabinas para comprar con tarjeta de crédito o débito, o también en efectivo. Podemos adquirir dicha tarjeta por una semana o mensual, dependiendo la necesidad. Recuerda que, si estamos en Manhattan y vamos hacia El

Bronx o Queens, debemos tomar el tren que diga “Uptown”, si vamos para Brooklyn o el Bajo

Manhattan, el que diga “Downtown”; esto siempre y cuando nos encontremos en pleno centro de Manhattan, porque desde Queens, por ejemplo, cuando vamos para Manhattan, hay que tomar el tren que diga "Downtown". Debemos estar atentos cuando el operador del tren anuncie las paradas en cada estación, aunque a veces no se les entiende nada, mejor fijarse bien en el mapa y llevar siempre presente la dirección a la que se desea llegar. No quedarse dormidos, ni con los oídos atascados por los audífonos o pegado del celular.

Se demuestra cultura al abordar el tren cuando esperamos a que salgan los pasajeros, sin bloquearles el paso. Algunos son muy irritables y es bueno tener paciencia, aunque si vemos que se van a cerrar las puertas y podemos perder el tren, con un impulso suave lograremos entrar, lo mismo para salir. Hay momentos en medio de la agitación y la prisa en los que podemos disfrutar precisamente de algunas muestras de amabilidad y cultura por parte de personas del común: que te abran la puerta de ingreso para entrar a algunas de las estaciones si llevas paquetes o maletas (cosa que se agradece con alguna pequeña propina), es como un trabajo nuevo que se han inventado algunas personas. Por otra parte, es muy común encontrarte en Times Square con una agradable atmósfera musical (blues, jazz, baladas, arias de ópera o sones de folk) todo un remanso de paz que nos confirma que Nueva York sigue siendo verdaderamente la gran capital cultural del mundo.

Al bajarnos o subir las escalas en las estaciones no hay que correr tanto. El tren pasa a veces en menos de cinco minutos.  La calma es siempre recomendable a menos que se nos esté quemando la casa o hayamos olvidado la estufa prendida, de ser así, hay que mantener a la mano un celular, aunque sean de esos que dan gratis y llamar a alguien que nos ayude con eso, familiar, amigo o al 311, teléfono de emergencias. Si tenemos problemas estomacales, en la mayoría de las estaciones grandes hay baños, si no los hay, entonces habrá que buscar un restaurante de McDonald’s, donde no hay que consumir nada por usar el baño. Te recomiendo recordar que los trenes funcionan las 24 horas, y que, sin dejarnos ganar del estrés, podemos esperar el próximo tren, si nos dejó, por estar viendo los rascacielos o las locuras de esta ciudad.

Si llevamos bolsas o mochilas en la espalda, cosa que mucha gente tiene que hacer, hay que tener cuidado de no molestar o empujar a alguien. Tampoco ocupar todo un puesto con nuestros paquetes, porque es molesto e ilegal: los demás tienen, como es apenas obvio, el mismo derecho de sentarse. Ah, y si te agarra el hambre y llevas algún pastel, eso sí, puedes comer tranquilamente en el tren, cosa que está prohibida en otros lugares, sobre todo en Medellín, pero eso sí, teniendo cuidado con no tirar nada al piso. Está permitido sólo en los trenes, no en los buses, pero no hay que abusar y cogerlo de costumbre.

Es molesto quedarse mirando a alguien fijamente, no busquemos problemas, hay gente de más de 125 países, diferentes culturas y uno no sabe qué problemas tienen, pueden tomarlo con sospecha o como burla. Mirar con discreción o disimular leyendo los avisos puede permitirnos observar, si queremos, y si deseamos tomar fotos, deberá ser a través de video. Hay servicio de wifi, así que podemos entrar a internet con el celular o la tableta. En los buses del sistema sí funciona perfectamente y hay ahora conexión de USB para recargar las baterías.

Qué bueno llevar billetes de a dólar y monedas para los que suben a cantar, bailar o hacer su Metro Show. En las estaciones grandes como Columbus Circle y 59, la 34, Times Square, la 14, la 74 y Jackson Heights, Gran Central Terminal entre otras, puedes contribuir a mantener la bonita tradición de apoyar a verdaderos talentos en diferentes aspectos artísticos, que mucho se diferencia de la mendicidad, cosa que sí está prohibida. Una de las artistas callejeras que más admiro es a Samantha Ecco, una joven soprano italiana que suele cantar en la estación de la 42 en Manhattan.

A ciertas horas "pico" no es bueno disputar el puesto, después de todo por qué no ser conscientes y generosos con aquellas personas que de verdad deben ir sentadas, bien sea por sus condiciones físicas, o por su estado de salud, embarazo o ancianidad. Las mujeres también podemos ceder el puesto. Eso sí, cuando vamos de pie hay que agarrarse fuerte de las barras o manillas disponibles, no sea que caigamos sobre algún pasajero malgeniado. Suele pasar cuando el tren frena repentinamente. Pero por más cómodo que nos parezca el tren, me parece detestable cierta costumbre que advierto en algunas personas de abrir las piernas a 180 grados, casi ocupando dos asientos con un desparpajo que sólo indica falta de consideración.

En medio de todo, hay que prepararse también para percibir toda clase de aromas, desde perfumes finos hasta olores fuertes del cuerpo en estado de grave enfermedad, es apenas natural entre tanta diversidad de personas y circunstancias. Asimismo, mientras estemos aguardando el tren, debemos ser muy prevenidos y no acercarnos demasiado a la línea amarilla. Muchos casos fatales se han dado tanto como otros de gravedad. En las horas "pico" a veces uno no se cerciora del estado de las escalas, por eso es mejor dejar las carreras y ser cuidadosos. Otras veces las víctimas se dan por empujones o resbalones a las vías del tren. No hay que intentar nunca, me parece, como hacen algunos que he visto, pasar de un vagón a otro mientras el tren está en marcha, perder el equilibrio y la vida es cosa de segundos. Por eso, no hay tampoco que tratar de recuperar nunca lo que se caiga a las vías, es mejor dejar hasta que pase el tren y llamar a un empleado del MTA. Menos mal que no me ha tocado ver nada terrible en cuanto a ese tipo de accidentes hasta hoy, aunque sí una vez a una muchacha que se cayó en estado de embriaguez, pero se arrinconó y tuvo suerte de salir ilesa. Si por algún motivo sufrimos un accidente y sobrevivimos, hay que consultar un abogado. Para toda situación adversa en Nueva York siempre hay previsto un seguro, pero que no se nos vaya a ocurrir jamás tirarnos al tren sólo para ahorrar el entierro, pues quedamos bastante feos y tampoco es la forma más elegante de morir, aparte que, tengo entendido, no nos dan un solo peso y en cambio la familia tendrá que acarrear con todos los gastos. Salir en el periódico en tales casos no es ni siquiera honroso.

No podríamos ir a las estaciones de tren y no ver las ratas, aunque dicen que Manhattan está lleno de ellas, no lo considero así. Sólo he visto unas pocas en algunas estaciones, en la 74 y la Roosevelt y el Alto Manhattan. No pasan de tres o cuatro, y hasta me parecen curiosas porque juegan, pero cuando se acerca el tren, ellas se resguardan. También he visto unas cuantas ratas de corbata y otras de minifalda, esas pueden ser más peligrosas. Por último, si nos parece muy incómodo montar en tren y bus, paguemos taxi o rentemos un carro particular. Llamar a un Uber (empresa internacional de red de transporte que facilita transporte privado) es el servicio más cómodo, o también optar por caminar y de paso hacer ejercicio.

Amiga ¡Feliz viaje!…

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Biografía

Blanca Irene Arbeláez - Colombiana. Ha publicado los libros:

El primer amor nunca se olvida (2010) por Book Press NY

Cómo debemos morir (2011) por Editorial Artgerust en Madrid España

Trisagium Mortis (2012) por Artgerust en España.

Te espero en el cielo (Trisagium Mortis) 2da. Edición (2013) Premio del International Latino Book Awards en la categoría de mejor novela de misterio obra publicada con el sello Book Press NY.

Carangas resucitadas (2014) por Book Press NY.

Sueña Emily ciudades azules.(2014) Diamante azul editores

Prohibido morir antes del carnaval (2014) Diamante azul editores

La mujer del sombrero rojo (2017) Sic Editores

Isabela, belleza inmortal (inédito)

 

Respecto a su carrera, Blanca Irene nos dice: “Estoy satisfecha con el trabajo que he podido realizar a lo largo de los últimos diez años en los cuales escribí a ritmo de mi propia imaginación cuatro obras donde exploro no sólo mis experiencias del pasado, sino también el mundo que hasta hace poco he conocido aquí en la Gran Manzana, trabajando por mis sueños. Disfruto muchísimo de la literatura y trato de aplicar lo que leo en la manera como construyo cada libro. A veces no es fácil, hay que corregir y volver a escribir muchas páginas. Esta es la parte más delicada y la que la gente desconoce casi siempre. Me baso en los sentimientos, en lo romántico, pero busco que haya realismo y hasta crítica social, con un toque de humor y fantasía. Soy una enamorada de la naturaleza, amo los gatos, las tradiciones del pasado pero también me gusta mucho la vida urbana de las grandes ciudades como Nueva York, que es para mí, todo un universo siempre nuevo y sorprendente cada día.”

 

 

 

 

 

started 1 MAY 2010                 email : info@ila-magazine.com

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